18 de enero de 2025

Omar Cao

 https://revistalitica.tumblr.com/post/189777932165/algunos-mojones-sobre-la-actividad-po%C3%A9tica-de-omar


Algunos mojones sobre la actividad poética de Omar Cao || por Patricia Verón

“Lo menos literario que se te ocurra
tiene antecedentes literarios”. Omar Cao

Una imagen: la puerta es de doble hoja de madera con postigos de vidrio opaco. Abrea una habitación en penumbra y en esa habitación un escritorio caoba abarrotado de libros sin orden aparente. Corrían los años 70, inicios, y el viaje era hasta Morón. ¿De quién son esos libros? Otra imagen: patio de sol y enramadas de rosas, una puerta de chapa verde que se abre y aparece Omarcito, como le decía su madre cuando contaba alguna que otra cosa de su maternidad, una maternidad que en la memoria de su hermana resultaba epopéyica. Omar, 1,90 o casi me dice: Hola, Patri. En ese momento me quedaba bien el apócope. Última imagen para no abundar: un garaje con parral y piso de mosaico y al fondo el galpón del taller metalúrgico. Omar repuja en uno de los tornos y al ratito de verme se afloja la cinta que lo sostiene a la máquina y al baila del tornero, pone a calentar la pava y me pregunta: ¿Trajiste algo para leer? Un ajedrez que aglutina a los contrincantes en las horas de poca producción. Y los crucigramas del diario que se devoran con fruición. Mi hermano me dice: preguntale a Omar que sabe. Cuando los cuadros están casi completos vuela una mosca y empieza la discusión. Una pregunta: Voy hasta acá nomás, ¿querés venir? Hasta acá nomas es una unidad básica del partido intransigente. Me presenta a los militantes. Chancean y toman mate. Cuando va en serio, Omar aporta a la conversación algunas líneas breves y después me indica: ¿ves esa chica que viene ahí? Pinta. Me acompaña hasta la parada y canta: pucherito de gallina…

Hilos de la memoria que intenta tejer un relato que deje a la ficción hacer los suyo. Mas que una fría cronología, imágenes de un viaje inabarcable. Cortado, zurcido. Como los remiendos de los pobres que salvan la totalidad en un liencito de cinco por cinco.Parte de la historia nace en la piel de un viajante de comercio, es autobiográfica si se quiere, pero los ojos son de un viajero. Porque el viajante tiene un objeto concreto y material pero el viajero se deja llevar por lo incierto. Hacer un recorrido de su actividad poética -cuanto más de su poética- a partir del viajero.

Entonces iniciaría una palabra en ese viaje de la memoria que se llama infancia. Y se sitúa en la geografía en donde finalmente fijo su residencia y está presente en su último libro “El país de las estancias”. Los km de la ruta 3. Pero en algún lugar, antes, mucho antes, está ese “Macadam muerto/al pie de la vereda de vainillas/de la estación/La calle Donovan/los altos altísimos/paraísos con flores/el silencio fresco/la playa de maniobras/y sus raras casitas/de durmientes apilados/los membrillares largos/las huellas del ganado/los cuchillos las astas/los sombreros/los ponchos los caballos/los vasos en el barro…” de ese poema donde sin duda evoca a su padre y al barrio de los Tapiales.

Con escritores como David Lagmanovich, Luis Luchi, Juan Núñez, Ariosto del Degan, Li Po, inicia junto al entrañable amigo Hugo Salerno, ese recorrido de los tres sabios ciegos que le deben a su condición la creación de una verdad que nada tiene que ver con el racionalismo. Para entonces llevaba publicado dos libros de poesía, uno de ellos,migrado de la Luna y otros asuntos lanzado por primera vez por la familia Gandolfo en Rosario bajo el sello del Lagrimal trifurca. L.L.Q.S.C.C.L.B es el sueño que luego sería retomado en “la cueva” propiciada por Ricardo Rubio, un lugar para el intercambio y la experimentación en el arte, donde las ganas de generar comunidad y descubrimiento crecían amenazadas por el horror de la dictadura. Gacetillas, libros, revistas, plaquetas de ese sueño hecho editorial en Lomas del Mirador, llegaban con algo de retraso. Allí leí por primera vez al amigo entrañable y a Emilse Pratolongo, poeta que me conmovió.

Pisando los ochenta y desde Avellaneda, “una varice que recorre la ciudad”. Tal el Leit de una revista de cultura y política, que incluía la publicación de poesía en sus páginas: “Riachuelo”, dirigida por Angel Fichera, junto a una decena de redactorxs que iban incorporándose en los distintos números como Osvaldo Escribano miembro fundador, Ariel Búmbalo, el dibujante Rubèn Pergament, entre muchxs otrxs. Con títulos como “Deserción escolar, un paso hacia la sumisión”, “Ahorro, inversión e importaciones”, “Vida y muerte en las comunidades indígenas”, “La palabra y la libertad” o “Guerra, desocupación y otras coincidencias”, en una de sus editoriales del año 80 puede leerse: “Devaluaciones, parricidio, desocupación. Escándalos en River Plate. Se funden importantes empresas. Se intervienen bancos. Atentan contra la vida del famoso pistolero Ronald Reagan y contra la del Papa (…) El duro invierno se avecina con una violencia inusitada, nunca antes vista, de enormes proporciones y de escalofriante magnitud. ¿Se aparearán los dos osos panda? ¿Se congelará el yeti?¿Pasará el invierno? ¿Importaremos calor de hogar de Taiwan?(…) Alarmas, pestes, epidemias. Tal cual (pero al revés) con lo sucedido por la fiebre amarilla de 1870, las familias pudientes de barrio Norte emigran hacia el Sur (zonas más protegidas?) ¡Se imaginan al microcentro en Aldo Bonzi! ¿La calle Florida en Laprida de Lomas de Zamora? ¿New York City en Elsieland? ¿Borges tomando el té con Jorge Asis? ¿Las patinetas por el arrabal adoquinado?”.

Líneas no exentas de sarcasmo para situar una problemática que había comenzado a ser apremiante en esos años: la ocupación masiva del territorio conurbano por poblaciones corridas de la ciudad y sus orillas, dictadura mediante. Y allí también pudo leerse, acaso por primera vez, esa metáfora que intentaba sobreponerse a la soledad y al aislamiento de esos años funestos: “Un barco late su cruz del sur en la sombra/en balanceo suave/con voz de latido las aguas”. Este y otros poemas de Cao fueron publicados por la revista como también una extensa entrevista hecha por el poeta y su amigo entrañable a Pedro Gaeta, pintor argentino y uno de los fundadores del grupo “Gente de Buenos Aires”.

Cae el muro de Berlín y otra tragedia se cierne sobre Latinoamérica: la irrupción del neoliberalismo. La comunidad amasada alrededor de la revista antes mencionada vuelve a aparecer catorce años después pero haciéndose cargo de la edición de un libro de Omar: “Palos de ciego y otras yerbas”. El prólogo de Salerno declara de alguna forma qué significa el gesto de esa publicación: “Omar Cao es con la poesía como esas gallinas que desaparecen de la casa y cuando ya las daban por perdidas o robadas, aparecen con varios pollitos. Cao se autodefine muchas veces como “Poeta Re-tirado” pero al mismo tiempo aparece con un centenar de poemas” Una forma de regreso después de años de dedicarse a la escritura y a la crianza de sus hijxs, sobreponiéndose a una realidad social obscena y criminal.

Ese libro hecho carne en González Catán, su casa para entonces, fue motivo también del reencuentro con Luis Luchi, que había regresado de España y asistió a la presentación. Una verdadera fiesta realizada en el Club Portugués, con malabares, danza, teatro y por supuesto lectura de poesía. Inolvidable ver al viejo Luchi rodeado de escuchas a los que invitó a acercarse para aminorar la extensión del salón y generar el clima necesario para la escucha. Por esta misma época Omar también fue guionista de la historieta “El fernandez”, una especie de saga de un personaje marginal que existe en cualquier conurbano del país. Se publicó en el Suplemento literario “El Angel de Virrey del Pino” y la dibujante fue Graciela Favot. Este recorrido se cierra con la publicación de la antología “Esquina sin Ochava”, año 2000, realizada por el grupo literario Per-Se que funcionaba en la Biblioteca Popular 303 de Villa Sahores y era coordinado por el poeta. La antología tiene carácter de homenaje a dos docentes de San Justo: Haydee Paley y Aroma Ligia. En sus paginas pueden leerse textos de las mismas como así también de los integrantes del grupo.

Podríamos decir que la historia argentina tiene al menos tres momentos fundacionales: la revolución de mayo, el gobierno del primer peronismo y el 2001. Asentados en los años posteriores al último, el viaje se diversifica entre talleres de lectura, colaboraciones publicadas en el suplemento literario del NCO, “Conurbano/Poesía”, la incorporación a la editorial del mismo nombre, integrada también por Claudio Kapeller, Carlos Kuraiem y por quien esto escribe, y sus participación en el Festival Internacional de Poesía de Rosario.

De los talleres es notable el “Aula Poética Almafuerte” que funcionó en el Centro Cultural Alberto Vacarezza y consistía en la propuesta de un/a poeta por parte de los participantes quienes ofrecían lecturas diversas acerca del mismo. Si bien el coordinador era Omar, el eje se corría hacia todos los integrantes. Así se abordaron textos de J.L.Ortiz, Romilio Ribero, Manuel J. Castilla,  Alejandra Pizarnik, Juan Gelman, Luis Luchi y Pedro Godoy.

La piedra es imparable y puesta a rodar rueda por las ediciones como Cruz de Mayo donde por primera vez pueden leerse los cuentos y relatos completos hasta ese momento de Pedro Chappa bajo el título “Un violín en Praga y Villegas”, del año 2011. Es necesario recordar un fragmento del post-logo escrito por Cao, que es algo más que una justificación a la modestia de la edición, como inicia. “ (…) no hay ni ha habido otra, ni mejor ni peor ni, obvio, la consideración de que exista. Nuestra vida social, la de Pedro y la de tantos, ha transcurrido en años ásperos, inhóspitos, violentos, poco aptos para la producción artística y su aprendizaje, al menos en lo que a la Argentina profunda se refiere. Ahora los vientos han cambiado y también el escenario, claro. No tanto parece como para que una editorial nuestra - ¿Queda alguna? - publique a Pedro Chappa, pero sí para seguir intentando la resistencia ante el avance de la colonización cultural, la banalización de la cultura y la sustitución del Arte por “el espectáculo con algo de Arte en el mejor de los casos” apto para la comercialización masiva y rentable.Cosas para discutir apasionadamente pero con altura, como debe ser”.

De ninguna manera podría dejar de mencionar la presencia fundamental que tuvo Omar en la realización del libro coral Alto Guiso, sobre todo en lo que caracterizó a su incidencia en la cultura, esto es, la comunicación, el aunar, el formar comunidad. Carácter que se ve reflejado a sí mismo en la última revista que publicó bajo es sello editorial “El cardo Azul”, (sello que diera a luz al menos una decena de libros de autores zonales) donde pueden leerse textos de miembros de la revista Riachuelo, de la académica Rosa Oviedo, la multifacética Anahí Cao junto a compañeras del Galpón Cultural 3 de Catán, la lingüista Ivonne Bordelois a quien Cao le dedica una nota sobre su poética y poemas del joven Braian Alvarez, entre otros.

Quiero terminar como empecé, diciendo algo personal y si lo personal es político, entonces mejor. A Omar sigo viéndolo en las tardes con olor a glicinas o a bosta de yegua mal uncida, en un cuchillo clavado como acierto al vacío que deja sobre la mesa el pan compartido, en la nervadura de los abandonados, en la palabra apartada y devuelta a la lengua con una increíble transparencia, en el ojo gigante que observa la siesta celeste y quieta, en la flor de tu vestido o en esa peineta caída que él acomodaba con la mirada sin que te dieras cuenta. Estará en esos diálogos siempre empáticos, resistentes, oblicuos, amplios y discutidos, abiertos a la contradicción al buen decir y a la historia. Diálogos maestros. Estará en esa última frase, casi una humorada, que aún dicha en una cama de clínica y atenazada por los medicamentos, actuó como un último puntal de guía: “el amor no tiene fronteras…no viste que Keaton se enamoró de una vaca?”

P.V.

26 de diciembre de 2024

Noelia Medina

 


Noelia Medina

Nació el 25 de mayo del año 1979 en Buenos Aires.

Apasionada de la palabra dedica muchas horas de sus días enseñando lengua y literatura en el nivel secundario.

Es parte del taller de escritura "La Cachirula", lugar de encuentro y resistencia frente a una realidad devenida muchas veces en hostil.

Participó en las antologías: "Casa libro", "Lo que florece", "En la tarde... poesía".


 

I

Sé de miradas que hablan

sé de recuerdos que miran

sé de voces que se pierden

sé pérdidas que lastiman

sé de lastimaduras que cicatrizan

sé de cicatrices de por vida.

 

 II

Tiempos remotos aquellos,

cuando la gente se desnudaba

en bazares de pueblo.

Hoy tiempos de redes...

no tan "sostenes"

de privacidades vapuleadas

Y aun así nadie (les) escapa.

 


24 de diciembre de 2024

Lilia Beatriz Martín

 


Lilia Beatriz Martín
, nacida en San Justo, madre, abuela, docente jubilada. Transcurrió su infancia entre juegos en la vereda y risas con amigos en el barrio de La Tablada. De niña se acercó a la literatura de cuentos y novelas clásicas; ya de adolescente, descubrió las poesías y las novelas de autoras latinoamericanas. Ama la literatura infantil.  Participó en algunas publicaciones relacionadas con las experiencias de sus trabajos en el nivel inicial en la colección de narrativas y relatos pedagógicos. Hoy jubilada y con más tiempo, comenzó a participar del Taller La Cachirula. La antología En la tarde… poesía (2024) incluye tres escritos de ella.

 

 

Era invierno,

sol y viento

y las hojas

              bailaban tornasoladas

    rojas

           naranjas

                         doradas

 

tanta belleza no podía quedar allí

                     solas

 

las junté

y las invité

a un collage

es una forma que sigan aquí

conmigo.

 

23 de diciembre de 2024

Alfredo Anaya


 Cuenta una desconocida leyenda urbana de más de medio siglo que, en el Viejo barrio de Palermo, a pocos días que en Villa Fiorito naciera El fútbol, llegara un niño que, con la misma lógica escorpiana, también "haría historia" (por cierto que más modesta).

En un conventillo situado donde a Borges se le antojara la mítica fundación de Buenos Aires

("....Una manzana entera pero en mitá del campo/expuesta a las auroras y lluvias y sudestadas/La manzana pareja que persiste en mi barrio:/Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga. ..."); fue acunado por una pareja de costureros, un humilde escriba con deseos de poeta y sino de cantor. Con oficio de preceptor de escuela pública a lo largo de 30 años, intentó "picotear" aquí,  allá y no con poca osadía tras un largo derrotero nutrido con diversas aunque tardías lecturas, recalara por fin en La Cachirula, justo cuando se retiraba la pandemia. Allí finalmente comenzaría a aproximarse a su deseo inicial, rodeado de una saludable diversidad compañeril. Participa entonces de las antologías "Plural", "Casa libro" y "En la tarde...poesía". Próximamente verá la luz su primer libro solista...


Elijo I – Alfredo Anaya

 

Del árbol, una hoja elijo ser

que el viento agite

la lluvia bañe

el sol haga vibrar de luz

nueva

cada vez.

Alimentar un bichito viajero

acariciar un pájaro

que canta y canta y canta.

Esperar la llegada del otoño

desprenderme suave
flotar en un último viaje

regresar a la tierra.

 


Patricio Cabanillas


Patricio Cabanillas nace el 16 de junio de 1997 en Parque Patricios, CABA. Su amor por la literatura se despertó a temprana edad, gracias a sus padres, quienes en cada cumpleaños le regalaban novelas como "El señor de los anillos" y "Harry Potter", con las cuales crecería e iría despertando ese amor por las palabras.

Es parte del Taller literario de La Cachirula, donde participó en las antologías literarias:  "Lo que florece" y "En la tarde... Poesía".

En la actualidad, se desempeña como Operador Socio Comunitario en el programa Envión Podés y cursa el profesorado de nivel primario.

Colores – Patricio Cabanillas

 

Nuestros ojos se cruzaron y exploté.

Me olvidé de las palabras y empecé a pensar en colores, sonidos y aromas.

Y te vi, riendo como siempre y brillando como nunca antes había visto brillar a alguien.

Tan simple y compleja a la vez.

Y le pedí a la vida que me deje ahí, que me regale más tiempo de vos y de tus ojos cerrándose por la risa.

Más tiempo de esa electricidad que causa estar cerca tuyo, como si estuviese sintiendo todos los colores juntos recorriendo mi piel.


22 de diciembre de 2024

Noelia Rocío Cariello


Noelia Rocío Cariello

 Nació en San Justo, La Matanza, en 1989. Es docente de Nivel Inicial, Secundaria y Licenciada en Lengua y Literatura. Apasionada por los senderos que le permiten capturar libres atardeceres. En el 2023 inició el taller de escritura en el espacio cultural “La Cachirula”. Allí encontró, entre libros, canciones y respiraciones, el reflejo de la naturaleza. Formó parte de tres antologías: “Casa libro”, “Lo que florece”, y “En la tarde… poesía”.


Silencios por limpiar – Noelia Cariello

 

Mi abuela me contó que a las mujeres nos han 

enseñado a hablar a través de la mirada,

y a tragar las palabras para hacer silencio.

 

Mi abuela se mantiene en silencio y piensa que, 

quizás, mi mirada, mi sonrisa, mi pelo, mis 

gestos y mi cuerpo hablan.

 

Todas hablamos.

Pero ella… ella habla distinto.

 


21 de diciembre de 2024

Stella Maris Greppi

 


Stella Maris Greppi nació en Caseros, provincia de Bs. As. Vive en La Tablada. Con tres hijos y 6 nietos (la mayor adoptada), con 80 años, encontró en la escritura la belleza del universo. La Cachirula y sus compañeros son su segunda familia. Escribió en las Antologías: Plural, Casa -libro. Lo que florece y En la tarde...poesía.

 

Fin y principio

No me encuentro

                              busco

                  revuelvo

                             indago

                  pregunto

                           respondo.

 

No me encuentro

                         será que no existo

                                       mi cuerpo se diluye

                          cegado por la luz.

 

No me encuentro

                        busco en el ayer

                                     en el hoy

                      palabras que no están.

 

No me encuentro

                    pensamientos que engloban mi vida

                                  estallan como relámpagos

                  en estrellas coloridas.

 

No me encuentro

                  una mano me ayuda a salir

                               todo nacimiento sobrelleva

                  un resurgir.

 

Me encontré.

                Ella me acompaña

                            desde que nací

                ahora vino.

 

Me encontré

               sin miedo

                          me voy entre llantos y

               sonrisas

                        ojos llorosos me entregarán

              al viento del otoño

                       cumplí un ciclo para renacer.

 

Me encontré.


20 de diciembre de 2024

Andrea Abbenante

 



Andrea Abbenante

 

Nací en Mataderos en 1971,me crié en Lomas del Mirador, muy cerca de la casa de mis abuelos.

Estudié el magisterio de nivel inicial. Luego encontré mi verdadera vocación en la ENBA Lola Mor,a el magisterio de dibujo. Me perfeccioné en pintura en la Prilidiano Pueyrredón.

Muchos años más tarde incursioné en el IUNA, cursando dos años de Crítica de Artes, que abandoné, pero que me ayudaron a reencontrarme con la escritura.

Laboralmente me desempeñé como docente desde 1992 hasta2021 en distintas ramas, orientaciones y talleres, hasta jubilarme.

Actualmente participo de un taller de escritura en el espacio cultural La Cachirula.

Participe de las antologías: Casa-Libro, Lo que florece y En la tarde… poesía.


La isla

en verano es un edén

pero cuando comienzan

a caer las hojas

el viento se pone más fuerte

hay que prender la salamandra

 

Ahí

junto con el paisaje

se crea un lugar único

como aquel otoño

en que la sudestada

nos obligó a quedarnos.

 


18 de diciembre de 2024

Sheila Silva.

 


Soy Sheila

Soy Sheila Silva.

Crecí entre accesos y escaleras siendo hija del medio de tres. 

Hace 17 veranos que soy compañera de Kike. Juntos, entre maíz con azúcar de la olla pochoclera y saquitos de té de tilo, construimos una familia de seis.   

A veces soy alguien que huele a seguridad y que se anima a hacer muchas cosas, a veces solo me detengo porque me invade el aroma de “a dónde me metí”. 

Soy mujer, soy profe, samiguera y mamá.

Soy limonero del fondo de casa y budín casero marmolado, el mismo que realizaba mi vieja en los 90.

Soy repelente de pediculosis y chocolatada de la merienda acompañada por los cuadernos de tareas.  

Y en el Taller La Cachirula, soy feliz cuando puedo convertir una consigna de Marce en un cuento.   

Participé en las antologías Plural, Casa libro y En la tarde, poesía.

 

Abuela Pocha – Sheila Silva

A la abuela Pocha se la tragó la tierra. Esa tarde lo repetí más de diez veces.

La casa de la abuela era mi refugio. Con ella todos los días aprendía algo. Por ejemplo que sin electricidad, se pueden hacer muchas cosas. Solo había dos electrodomésticos allí que se enchufaban. La heladera y una tele que ya no funcionaba. 

Solía jugar con la antena de su radio, me gustaba que hacía grande y chiquita. Usaba unas pilas enormes como las de la linterna de metal que encendía en la noche. Porque ella no tenía velador. Los panqueques los hacía batiendo con dos tenedores juntos y cosía con una máquina a pedal.  

La abuela en época de clases, me recibía al medio día cuando el micro de la escuela me dejaba en su puerta.  En el verano, muchas veces me despertaba en su cama cuando papá y mamá me dejaban para ir a trabajar. 

Yo siempre estaba con ella, pero a veces, me decía que sentía sola.

Cortábamos el pasto juntas. Con una máquina pesada que parecía funcionar a fricción. Como esos autos de juguete.

Un día mientras la ayudaba a juntar las hojas secas del fondo me empezó a hablar de Don Julio.

Después lo conocí haciendo las compras en el almacén de la esquina. A veces nos acompañaba hasta la casa de la abuela para ayudarnos con las bolsas. No sé por qué la Abu no llevaba su carrito para evitar que el pobre Don Julio cargue todo el peso.

Esa tarde cuando llegó mamá a buscarme y me encontró sola haciendo la tarea, no tardó en alarmarse.

Respondí enseguida: “A la abuela se la tragó la tierra. Acompañame al fondo que te muestro ma”.

Un rato después, ya había varios vecinos dando vueltas por la casa. Mamá los había llamado para ver si sabían algo de la abuela.

Todos se sumaban al misterio. Algunos miraban el surco de tierra removida desde lejos. Otros pisaban con desconfianza el pasto. Después, un vecino vino con una pala y empezó a cavar.

En cuestión de minutos lo confirmaron. “No hay nada” dijeron. Exactamente nada. La misma palabra que había usado la abuela  antes de salir a pasear a escondidas con Don Julio. 

“Si preguntan por mí”, dijo la Abu, “vos no cuentes nada. Solo decí que a la abuela se la tragó la tierra.”

Así que cuando salió de la casa,  tomé la máquina de cortar el pasto y la pasé hacia adelante y atrás muchas muchas veces… sobre una misma línea. Hasta dejar un surco. Imaginé que lo primero que iban a mirar, era el lugar donde la tierra se había abierto y tragado a la abuela.

Ella me enseñó muchas cosas… pero sobre todo a guardar un secreto. Tan profundo como si se escondiera debajo de la tierra.

 

Taller Literario La Cachirula